martes, 15 de octubre de 2013

Mi mejor profesor



Empatía, cercanía, asertividad, pasión por su profesión, exigencia... Estos son los principales rasgos que definen a una de mis mejores profesoras de secundaria. Era capaz de dejar fuera del aula todo aquello que le preocupara, o por lo menos disimular, y se volcaba plenamente en nosotros. Tenía la gran habilidad de sacar lo mejor de cada uno de sus alumnos, que estuviéramos atentos y participáramos. Nos valoraba como personas y siempre nos escuchaba, fuera cual fuera nuestro problema. Su pasión por la enseñanza y por la Biología se desprendia a través de cada poro de su piel, algo que para mí fue determinante, pues si hoy soy bióloga es gracias a ella. No cabe decir que su asignatura era mi favorita. Lo que nunca olvidaré: consiguió transmitirme su amor por la Biología y, mejor aún, su pasión por la vida.

Durante la educación secundaria el principal problema que tuve fue sentirme desplazada y rechazada por mis compañeros. Hubo una época, quizá un curso o dos, en los que sentía que sólo se acercaban a mi por interés. Fue una temporada complicada en la que me avergonzaba por sacar buenas notas y en la que me llegué a plantear si debía dejar de esforzarme para sentirme aceptada por el grupo. Al final, con la ayuda de una profesora que se percató de mi situación y que me hizo sentir valorada, conseguí cambiar el chip y aceptarme tal y como era. A partir de ese momento todo fue más fácil, aunque siempre he llevado el lastre del perfeccionismo y la inseguridad... en fin, cuestiones que poco ha poco he conseguido mantener a raya.


"Uno dice lo que sabe, pero transmite lo que es"

El plantearnos estas cuestiones de quién fue nuestro mejor profesor, nuestra asignatura favorita o quién estuvo ahí para ayudarnos a superar nuestros momentos más complicados durante la secundaria, nos sirve para poner de manifiesto que la dimensión humana es al menos tan importante, si no más, que la puramente académica, pues lo que la mayoría de nosotros recuerda de sus profesores ha sido rasgos de su personalidad. ¿Qué hubiera sido de nosotros si en el momento en el que más lo necesitábamos no hubiera aparecido ese profesor o esa profesora para ayudarnos a tomar el camino adecuado? ¿O para hacernos sentir valorados? ¿O simplemente para regalarnos esa sonrisa que nos hacia falta esa mañana...? 

Está claro que nuestra experiencia vital va moldeando nuestra forma de ser y que ésta va a ir dejando huella en todo lo que hagamos a lo largo de nuestra vida. El ser capaces de crear un entorno que promueva y favorezca el aprendizaje, del que formemos parte todos y al que aportemos todos, está en nuestra mano...


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