Este es el resultado de nuestro trabajo en grupo bajo la "dirección" de nuestro líder pasivo Antonio. Pese a que colaboró bien poco en la realización del esquema, finalmente el trabajo salió adelante gracias a la implicación de los demás. Esta es la prueba de que pese a que el líder no ejerza como tal, si cada uno hace lo que tiene que hacer, se consigue avanzar.
Todo esto se puede extrapolar al centro educativo. Cada centro tiene su propia cultura escolar, es decir, su propios modos de hacer, sus prácticas y rituales de acción educativa, valores, hábitos, formas de funcionar, modos organizativos...que están condicionados en cierto modo por el clima que exista en el mismo. Dependiendo de si la dirección que se ejerce en el centro es pasiva, autoritaria o democrática, la manera de funcionar, el clima y por tanto la cultura escolar van a ser diferentes. Si como en nuestro caso la dirección es pasiva, cada uno actua como considera oportuno y, mejor o peor, el grupo termina funcionando aunque, por supuesto, no se asumen las normas que vienen de "arriba". Cuando el liderazgo se ejerce de forma autoritaria, debido a que los individuos se sienten "agredidos", la tensión se instala en el centro y los profesionales no trabajan a gusto. Lo ideal, por tanto, sería que la dirección fuera democrática y se tuviera en cuenta las opiniones de todos. Así, la confianza reinaría y todos se implicarían mucho más en el funcionamiento del centro.
El centro es, en definitiva, una organización formada por personas que se relacionan entre sí, que funciona mejor o peor dependiendo del grado de coordinación, de cohesión, de participación, de su nivel de tensiones y conflictos...algo que está muy influenciado por el tipo de dirección que tenga.

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