Lo que pretendíamos poner de manifiesto en estas pocas viñetas es cómo poniendo de nuestra parte podemos mejorar muchísimo el proceso de enseñanza-aprendizaje. "Simplemente" cambiando un poco la metodología podemos conseguir involucrar a nuestros alumnos, motivándolos y despertando su curiosidad y sus ganas de aprender. Si conseguimos que el proceso comunicativo deje de ser exclusivamente unidireccional (profesor > alumno) y damos voz a los alumnos, el proceso será mucho más enriquecedor. La función del docente es que el alumno aprenda ¿por qué no facilitarles la comprensión de los conocimientos propiciando su implicación y participación activa?
El docente debe reconocer y valorar al alumnado que enseña en cada contexto y decidir cuáles son las tareas académicas más adecuadas a llevar a cabo y las actividades y relaciones con las cuales desarrollarlas. He aquí la complejidad de esta profesión. Las aulas contienen una gran diversidad de alumnos a la cual debe hacer frente el docente echando mano de sus conocimientos y capacidades metodológicas.
Contextualizar y dotar de utilidad a los contenidos es fundamental. ¿Por qué no partir de "cosas" que les interesen a nuestros alumnos para introducir conocimientos y conceptos? Todos aprendemos más rápido y mejor si nos movemos en situaciones lo más reales y auténticas posibles. Si relacionamos los contenidos con fenómenos y problemas de la vida cotidiana es más probable que aprendamos más y mejor, algo que es muy complicado en el sistema educativo actual pues los alumnos son bombardeados continuamente por un sinfín de informaciones inconexas.
En definitiva, las aulas son escenarios de interacción y comunicación donde existe una gran diversidad por lo que no puede ser un lugar rígido y uniforme, todo lo contrario, ha de ser flexible y variable.

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